Los diarios de Tucumán del siglo XIX están llenos de curiosidades locales. Obviamente, todas revelan la "temperatura" social de esos tiempos. Un ejemplo: en el desaparecido periódico "El Pueblo", ejemplar del 15 de octubre de 1868, se inserta una apelación al público. La firma Juan Pablo de Vasconcellos.
Expresa que quiere presentar a su hijo músico, el niño Luis Emilio. No lo hace, dice, "con el objeto de que le admiréis, porque en su corta edad y con menos de dos años de estudio, él nada puede ofrecer digno de la atención pública. El no se presenta como artista, porque está aún muy lejos de merecer tan honroso título: por eso, aquellos que se dignaren asistir a su concierto, no crean que van a oír al gran Jhalberg, Liszt, Gottschalk y otros grandes artistas a quienes jamás podría imitar".
Pero, agregaba, "van con su óbolo a contribuir al porvenir de un niño a quien la Providencia Divina dotó, según la opinión de cuantos le han oído, con una inteligencia rara y una disposición particular para la música".
Añadía que sus medios no le permitían costear la formación del chico, y por eso apelaba al desprendimiento de los tucumanos.
Quería "reunir medios que no sólo le permitan ir a continuar sus interrumpidos estudios en Alemania", sino también ponerlo "al abrigo de la desgracia, si llegare, aún en la infancia, a perder a su padre, único pariente que tiene".
El señor Vasconcellos terminaba: "Lleno, pues, de confianza en la generosidad del amable e ilustrado público de esta ciudad, yo no dudo que el objeto que ha traído el niño a esta capital, será coronado de feliz resultado".
Esperaba "encontrar aquí la misma protección que le ha sido dispensada en todas las ciudades que ha visitado".
A casi un siglo y medio de estos párrafos, nos preguntamos qué habrá sido, finalmente, del niño músico de 1868.